18 Dic Una Navidad con más sillas vacías
“En la tristeza, pervive el amor” (E.Lukas)
Estas fiestas, por desgracia, va a haber más sillas vacías en nuestras celebraciones, pues la enfermedad extendida ha provocado muerte –en soledad la mayoría de las veces- de muchas personas, una muerte “extra” a ese cinco por ciento que consideramos normal. Ha habido y sigue habiendo fallecimientos. Y muchas familias se enfrentan a unas fiestas con ausencias.
A cada persona que ha perdido a alguien, sea en estos momentos o con anterioridad, a cada quien celebra las fiestas con una silla vacía, mi abrazo y mi unión en el sentimiento. No pretendo dar consejos a nadie ni hacer normas comunes para atravesar estos momentos. Y si me atrevo a hacer algunas sugerencias es porque a otras personas les ha venido bien y quizá a ti también lo haga.
No intentes hacer como si no hubiera pasado nada. Alguien falta. Y debemos construir una nueva Navidad y una forma de celebración donde la ausencia está presente. Toca establecer rituales nuevos, muchas veces evitando lo que resulta especialmente doloroso, y buscar un tiempo para el recuerdo, que es necesario, porque valida el sentimiento que está en el ambiente. No pasa nada por recordar y hablar del ausente con normalidad (“a … siempre le gustaba hacer un brindis…” “de esto se encargaba siempre …”). Es normal. Te invito a buscar una forma simbólica de recordar al ausente. A veces es bueno hacer algo así como un acto simbólico (un instante de silencio, un brindis, un recuerdo…), algo que se hace “en honor de” y sirve de personal homenaje. Me gusta la idea de repetir y traer al presente lo que a esa persona le gustaba hacer (por ejemplo, recuerdo a mi padre haciendo una fuente con las copas y cómo al hacerlo le hacemos presente). En ese recuerdo es importante el agradecimiento, el saber dar las gracias por el tiempo vivido, por lo aprendido, por lo amado. Si duele, es porque ha habido amor… y el amor me sirve ahora para recordar; un recordar que duele, pero ama.
El carácter familiar de estas fiestas hace que la ausencia se reavive y puede complicar situaciones de duelo anteriores haciendo el dolor más presente. Date tiempo para reorganizar la vida, también las celebraciones, ahora sin una persona especial. Es una situación nueva, no tengas prisa en que todo vuelva a ser como antes.
El camino a integrar recuerdo y cariño en una nueva situación se compone de pequeños pasos:
- Son muchas las personas que te dicen qué debes o no debes hacer… no escuches a todos, porque te enloqueces. Sigue tu ritmo, escucha lo que concuerda contigo y agradece, pero olvida, todo lo demás.
- Es complicado resistir la presión social que parece imponer la felicidad en estos días. Da igual lo que se suela hacer… tú vives desde tu realidad y sentimiento. No temas mostrar tu pena ni vulnerabilidad. Pero tampoco te prohíbas sentir y disfrutar si es lo que te surge. Son tiempos especiales y como tales a veces traen satisfacciones que no son habituales. Tampoco te sientas culpable por sentirte bien si es el caso. Puedes sentir un cierto bienestar sin que esto suponga traicionar a nadie ni olvidar. No pasa nada por disfrutar algo.
- Pide ayuda si lo necesitas, tanto para la organización como para el ánimo y para tener a mano un escape si te agobias. Cuentas con gente a tu alrededor, aprovéchalo. No somos islas. Hablad entre todos, reajustar, escuchaos, ayudaos unos a otros en esta necesaria reorganización.
- No temas de antemano que lleguen estos días. A veces el miedo a lo que podamos sentir nos predispone a pasar unos días muy malos. Cuando llegue, ya lo vivirás como mejor puedas. No anticipes, porque multiplica la angustia.
- Intenta no quedarte al margen de rituales y eventos, que sería un agotador ir contra corriente. Si algo te produce enorme malestar, también tienes derecho a no sufrir en exceso, pero sólo en esa circunstancia te puedes retirar un poco. Lo digo porque lo más habitual es aislarse o quedarse en silencio… no es la mejor idea. Recuerda que los demás están presentes y les importas.
- No hay temas ni palabras tabú. A veces nos empeñamos o nuestros cercanos se empeñan en ni nombrar ni hacer referencia a situaciones familiares anteriores donde estábamos todos. Se puede decir el nombre, se puede recordar lo que hacía… al fin y al cabo, es parte nuestra.
En realidad, no importan los años que hayan pasado, porque cada uno necesita su tiempo para colocar en el corazón de forma nueva el recuerdo de quien ya no está.