Un patito adoptado

A veces, los cisnes, cuando no pueden incubar todos los huevos, colocan alguno de ellos en nidos ajenos para que otros les den la vida. Y así empezó, aunque no lo sepamos, la historia del Patito Feo, que tanto hemos usado como metáfora de la resiliencia.

Y me gusta la idea de que cuando no puedo asegurar la vida, procuro que mi hijo tenga alguna posibilidad. Es la vivencia de las madres y padres que dan a su hijo en adopción. Y me quedo, y comparto, con la sensación de que alguien me ha querido tanto que ha buscado un nido donde aumentar mi posibilidades de vivir. Y este sentimiento, no lo dudo, puede sanar las heridas del abandono, porque parte de un deseo de vida.

Al final, no era tan feo el patito, sino un cisne desafortunadamente adoptado.