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Tomar distancia

 Cuando he tenido la oportunidad de subir a alguna montaña alta o a algún rascacielos, recuerdo ver lo que hay abajo como diminuto. Y desde arriba, todo aquello que me parecía abajo tan importante cobra, por lo menos, una dimensión diferente, aunque sin desaparecer. Lo mismo, creo, ocurre con muchas experiencias en la vida. Tomar distancia me permite dimensionar muchas cosas en su justo valor. Es un mirar diferente, aunque las cosas siguen existiendo. Una mirada que me ayuda a poner en perspectiva.

Nosotros podemos distanciarnos de muchas cosas en la vida. No como un alejamiento de las experiencias ni de la vida misma, que sigue, sino como una actitud vital que me lleva a no dejarme atrapar en exceso por variedad de situaciones. Esto nos va a permitir relativizar, ser más creativos y tener una visión desapegada y, por lo mismo, crítica. 

Haciendo un esfuerzo por resumir, podemos aprender a tomar distancia:

 

  • DE SITUACIONES.- A menudo nos enganchamos con lo que nos ocurre y quedamos medio atados por esta fusión con los acontecimientos y les damos una autoridad excesiva. Si nos alejamos, podemos tener una cierta perspectiva. La clave está en relativizar y dar el peso adecuado a lo que nos sucede. Recuerda algo en lo que suelo insistir, que somos siempre más que lo que nos sucede. Muchas veces, al tomar distancia, nos permitimos ver distintas opciones, porque cuando vemos desde lejos, podemos hacernos una idea más amplia. El truco es dar el peso adecuado a las cosas.  
  • DE LO QUE ME AFECTA NEGATIVAMENTE.- Todo lo que nos ocurre nos afecta, está claro. No somos de piedra. Y hay algunas cosas que nos afectan de forma negativa, porque dejamos que el sentimiento negativo nos haga mella. Podemos poner distancia tanto de lo positivo (para no “creérnoslo” demasiado) como de lo negativo. Distanciarse supone tomar conciencia de ello y no dejar que interfiera excesivamente en nuestra vida. 
  • DE LAS COSAS.- Tomar distancia de las cosas nos hace ser más desprendidos, desapegados. No se trata de no poseer nada, sino de que nada nos posea. Porque suele ocurrir que nos vinculamos demasiado con nuestras posesiones, con todo lo que hemos aceptado como parte de nuestra vida. Distanciarse, en este caso, es saber que las cosas son eso, cosas, no parte nuestra.
  • DE NUESTROS PENSAMIENTOS.- Nuestra mente es hiperactiva y genera una cantidad enorme de pensamientos. Normalmente, nos creemos a pies juntillas lo que pensamos. Pero tenemos la opción de poner un poco de distancia mental y saber que un pensamiento es, al final, un producto más de nuestra mente.
  • DE OTROS.- De esos  a los que nos referimos como influencias tóxicas. A veces necesitamos nuestro espacio personal y alejarnos de quien nos influencia negativamente, en un deseo de reafirmar nuestra independencia. Esto supone en algunos momentos alejarse físicamente, en otras, darnos cuenta de cómo influyen de forma negativa y afirmar nuestra identidad: yo soy yo y soy distinto de ti, que eres tú. Con algunas personas más que con otras necesitamos esta toma de distancia, que nos permite conectar con nosotros mismos.
  • DE NUESTRAS EMOCIONES.- Cuando estamos “pegados” a las emociones, no somos objetivos y además esto nos provoca pequeños cortocircuitos. Tanto si son emociones de las que solemos hablar como positivas como de aquellas con tinte negativo. Esto nos va a permitir introducir emociones nuevas. 
  • DE NOSOTROS MISMOS (AUTODISTANCIAMIENTO).- Es uno de los conceptos que me gustan de la Logoterapia de la que a veces hablamos. Siempre tenemos capacidad de distanciarnos de nosotros mismos, de lo que nos ocurre, de dejar de mirarnos el ombligo y  salir al encuentro de los demás. Es lo contrario al egocentrismo.
  • DE LAS PREOCUPACIONES INÙTILES.- Esas que nos rondan frecuentemente por la cabeza y que se llevan mucho de nuestro tiempo. Si nos alejamos de esas preocupaciones, podemos poner la mirada en lo que es importante. 

 

¿Y CÓMO LO HACEMOS?

Vamos a ver algunas ideas para aprender a tomar distancia:

 

  • Cuando noto que estoy demasiado fijo en, por ejemplo, un sentimiento o una sensación,  busco un punto neutro donde fijar la atención y el interés. Es distanciarse de eso que siento o me ocurre y poner pensamientos, sentimientos, acciones, en un lugar neutral desde donde verlas en perspectiva. Ayuda mucho verse a sí mismo como si fuéramos una segunda persona y hablarnos tal como nos dirigiríamos a otro. Otra forma de hacerlo es pensar en qué le diríamos a nuestro mejor amigo. 
  • Ante cualquiera de las situaciones que hemos comentado, siempre es buena idea dedicar nuestra atención, en calma y siendo lo más objetivo posible, a analizarla y tomar conciencia.   
  • No responder inmediatamente, que es lo que solemos hacer. El viejo truco de “contar hasta diez” sigue siendo efectivo para crear un espacio de distancia. Si te ocurre algo que no te gusta, si estás preocupados por algo,.. deja pasar un poco de tiempo. Para y respira antes de actuar.
  • A veces es bueno, cuando algo tenemos la sensación de que nos sobrepasa, salir del lugar donde estamos, dar una vuelta, poner distancia física. Esto ayuda a cambiar la perspectiva. 
  • No tomes decisiones permanentes que se basen en sentimientos temporales. Necesitamos un tiempo para que las emociones se calmen.
  • Practica el “juego de la perspectiva”. Esto que ahora me agobia… ¿Cómo lo veré mañana? ¿y en una semana? ¿y en un año? ¿y en cinco? Verlo desde la distancia es de gran ayuda. 
  • Intenta tener cada día hay un “tiempo de desconexión”, calmado, en paz… donde poder volver al centro. Todos los días traen agobios añadidos… este tiempo es clave para distanciarnos. 
  • Ayuda mucho escribir. La escritura tiene el efecto de distancia, ya que directamente dejamos en un papel nuestras reflexiones. Cuando algo te agobie, o notas que te apegas mucho a tus emociones, o cuando tengas preocupaciones,… Pon por escrito tus pensamientos y sentimientos. 

 

Recuerda algo que conocemos de sobra:

Al final, la distancia (lo saben los deportistas) nos permite tomar impulso para saltar mejor.

Tomar distancia

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