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Salir de uno mismo

Hay un saber en Logoterapia que nos hace estar convencidos de que el ser humano lo es plenamente cuando es capaz de salir de uno mismo y salir al encuentro, bien del sentido, bien de los otros. He hablado conscientemente de la palabra “saber”, porque esto de lo que estamos hablando supera con mucho lo que también podríamos definir como “concepto”. En este caso, el saber nos habla de conceptos y conocimientos hechos carne propia.

Me refiero a la autotrascendencia, base en la Logoterapia.  Creo que vivimos excesivamente pendientes de nuestro ombligo. Los mensajes que nos llegan por distintos medios son de la búsqueda de la felicidad, pero casi siempre de forma individual: busca tu felicidad, aprende a ser feliz, piensa en positivo, date el capricho que te mereces,… y sin embargo…

… cuando hay una situación impactante, somos capaces de dar lo mejor de nosotros mismos; y hacemos cola para donar sangre o acoger a quien lo necesita; los vecinos que acompañaron a los padres del pequeño que cayó al pozo son ejemplo, y las colas en los hospitales cuando los atentados.

… si a alguien cercano le ocurre algo malo, hay una realidad que nos habla de “voy a luchar para que no le pase a nadie más”. Recuerdo los grupos de padres y madres en lucha contra el acoso escolar, las asociaciones de víctimas de violencia de género…. Y a cualquier persona que convierte su dolor en una oportunidad para cambiar el mundo;

… en la clínica veo a menudo que cuando abrimos el campo de la persona y le preguntamos si su experiencia puede ayudar a alguien, se mueve algo interno positivo. Recuerdo a una mujer víctima de incesto que decidió colaborar con algo que se le daba bien –su voz- con una asociación de protección a la infancia. Y con algunos chicos que, por desgracia, han sufrido acoso entre iguales y convierten su negativa experiencia en algo que ofrecer a los demás, como le pasó a Samuel, que consiguió que le escucharan en el centro y crear grupos de vigilancia y sensibilización.

Si todo esto es, como sabemos, cierto, parece que es verdad lo que nos dice la Logoterapia de que el hombre, si quiere ser auténtico, tiene la opción de olvidarse de sí mismo al ponerse al servicio de una causa o entregarse al amor de una persona.

Cuando me olvido de mí mismo y me autotrasciendo, nos dice la Logoterapia:

  • Estoy cerca de lo que llamamos “voluntad de sentido”, porque al sentido se acerca uno desde la respuesta a la realidad de que los otros existen y me interpelan. Si recordamos, en Logoterapia hablamos de “valores de creación” y es indudable que incluye el hacer algo por alguien o por la sociedad.
  • Me acerco a la felicidad. Normalmente ponemos la felicidad como una meta (alcanzar la felicidad). Y en este caso, es una consecuencia: cuando me olvido de mí mismo y me entrego, me acerco a ella.
  • Considero que al autotrascenderme, encuentro mi misión en el mundo. Este concepto de misión, desde la Logoterapia, tiene mucho que ver con el sentido que le doy a lo que me toca vivir, porque vivir la vida como misión me obliga a responder a lo que la vida me presenta.
  • Pongo en marcha otro camino hacia el sentido, que es el amor. Soy capaz de centrarme en otra persona. Puedo estar junto al otro, al que considero diferente pero digno de ser amado.
  • Pienso más allá de mí mismo. Lo que me ocurre, es una fuente de sabiduría para poder ayudar a los demás. De una forma u otra, estoy haciendo una donación de mí mismo y de mi experiencia de forma desinteresada.
  • Me ayudo a mí mismo. Estoy viendo últimamente muchos artículos que hacen referencia a que quien se entrega y ayuda a los demás, es, por una parte, más feliz y, por otra, revierte en una ayuda a sí mismo. Mi experiencia como voluntario en diversas instituciones me recuerda algo que ya sabemos: cuando doy, recibo mucho más que lo que doy.
  • Me enfoco en el bienestar de los demás y no sólo en el mío. Sin exageraciones, porque he de cuidarme previamente a poder cuidar y atender a los demás, pero justo en este momento, me olvido de mí y sólo pienso en ti.

La autotrascendencia es un punto de inflexión para el cambio, por tanto si hasta ahora sólo he pensado en mí, a partir de ahora voy a tener presentes a los demás. Todo va a cambiar, porque en el trascenderse descubre uno el placer de dar y también de recibir. Quizá la verdadera clave es renuncia al egoísmo y darnos cuenta de que no estamos solos en el mundo. Y olvidarnos de nosotros mismos y dejar de mirarnos el ombligo para empezar a pensar que los demás también existen.

 

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