07 Jun Perdonarse por perdonar
Vivo en mis propias carnes que el perdón es un proceso que lleva tiempo y parte de una decisión siempre personal. Estoy transitando cada una de las “fases” de que hablan los “manuales del perdón”. Y descubro que, en todo este recorrido, un paso final el rizar el rizo definitivo, es darse cuenta de qué sensación provoca en nosotros el perdonar. Y es que lo último que, personalmente, estoy viviendo es que tengo que perdonarme a mí mismo por haber decidido y conseguido perdonar. El mal que me han hecho ya no interfiere en mi presente, pero convivo con esa sensación de que te traicionas un poco a ti mismo cuando perdonas, que el otro o los otros no merecen este acto de generosidad (o egoísmo, según el caso) y que se pierde parte de uno mismo cuando decides que lo sufrido no tenga más interferencia.
Porque me he acostumbrado, desde aquel momento en que fui consciente del daño recibido, a vivir lamentándome y esperando que el “malhechor” pidiera perdón o manifestara el mínimo gesto de arrepentimiento. Y la sensación de dolor se hizo compañera de viaje, y, seamos sinceros, he permitido que, durante años, mi vida girara alrededor del pasado.
Y el último paso es reconocer que, en algunos pequeños momentos, me siento mal por haber perdonado. Seguramente los muy listos dirán que eso es que no he perdonado de verdad. No es así. Gracias a un largo camino he perdonado el mal causado por alguien tan cercano que hace casi omnipresente el dolor. Estoy seguro de haber recorrido los momentos y procesos necesarios, desde el darme cuenta (¡qué importante es!) hasta colocar el recuerdo y el dolor en su lugar en mente y corazón. He pasado por odio, deseo de venganza, sufrimiento silencioso veces y a gritos en muchos momentos. He sanado al comunicarlo. He sufrido hasta encontrar la vía que no me lleva a estación fantasma. Y decidí, con el corazón y con la mente, regalar y regalarme el perdón.
Pero tengo que llegar a comprender que estoy por encima de los que me han dañado y perdonar es un acto de generosidad. Y una decisión de seguir adelante. Pero… los años vividos alrededor del daño, la vida más o menos montada alrededor de la herida, necesitan su justificación. Que lleva uno mucho tiempo viviendo desde el dolor como para dejar que desaparezca de un plumazo. Por eso digo que necesitamos perdonarnos por decidir perdonar, porque dar un vuelco a la vida y dejar de vivir pendiente del pasado, porque sentir que uno toma las riendas del recuerdo… merece comprendernos y ser compasivos con nosotros mismos. Todo tiene su proceso… hasta el perdonarse por perdonar.